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Todos los escritores, sin distinción de tendencias, siempre demuestran una fascinación particular, ese algo que los atormenta o que les alegra constantemente los días. Y los poemas de Octavio demuestran que él no era la excepción.

El tiempo era algo que le obsesionaba, algo de lo que buscaba escapar con vehemencia. Este incesante deseo le llevó a escribir los textos que el mismo definiría como los «topoemas», una poesía espacial. Un tipo de poesía poco usual, atemporal y que roza con el campo de la metafísica.

Encontramos varios poemas Poemas de Octavio Paz cortos, que dejaban al descubierto la gran pasión que sentía por diversidad de cosas y por la poesía en sí misma. «Hecho de aire», habla del nacimiento mismo de la poesía, dice en muy pocas palabras como los poemas surgen de la naturaleza.

«Silencio», es un poema que revela muchas de las cosas que se esconden en las penumbras del silencio: los gritos que nunca se dan, las verdades que nunca se dicen.

Con «Olvido», Paz representa esta característica mental como algo que se da literalmente hacia adentro, hacia la oscuridad que nos invade cuando cerramos los ojos, hacia el silencio que yace en nuestro interior y hacia la magnífica infinitud del ser en sí mismo. Octavio escribió un buen grupo de poemas entre los años de 1933 y 1990.

También realizó un gran lote de ensayos que comenzaron en 1950 y finalizaron en 1995. Sus poemas formaron parte de las antologías “Poesía en movimiento” -que recopiló poemas de diversos autores- «El fuego de cada día», «Sueño en libertad» -de índole política-, y «Palabras en espiral».